“Sí… ¿ha ocurrido algo?”
“Tenemos una situación crítica con sus documentos. Ha habido una discrepancia grave en los datos del registro. Esto requiere su presencia inmediata.”
Las palabras sonaron demasiado secas, demasiado calculadas.
“Pero nos vamos en unas horas…” Kristina sintió una lenta oleada de alarma. “¿No podemos resolver esto más tarde?”
Una pausa.
Demasiado larga.
—Me temo que no —respondió finalmente la mujer—. Y, Kristina Igorevna… te pido que vengas sola.
Kristina apretó el teléfono con más fuerza.
—¿Por qué sola?
La voz se fue apagando.
—Es por tu bien. Por favor, no se lo digas a tu marido. Esto… podría tener graves consecuencias.
La llamada se cortó.
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