ANTES DE MORIR, PIDIÓ VER A SU HIJA… Y LO QUE ELLA LE SUSURRÓ CAMBIÓ SU DESTINO PARA SIEMPRE.

ANTES DE MORIR, PIDIÓ VER A SU HIJA… Y LO QUE ELLA LE SUSURRÓ CAMBIÓ SU DESTINO PARA SIEMPRE.

Y algo más. Una negativa a rendirse ante una mentira.

El pasillo exterior resonaba con sonidos rutinarios, puertas lejanas que se cerraban de golpe, anuncios matutinos que crepitaban por los altavoces. El mundo seguía su curso, ajeno a la fractura que se formaba allí.

Méndez buscó la radio en su cinturón. Su pulgar se detuvo sobre el botón que confirmaría o suspendería la programación.

Una llamada protegería su carrera. La otra podría destruirla.

Pensó en los hombres que había visto verdaderamente culpables, aquellos cuyos ojos se movían nerviosamente, cuyas historias cambiaban. Ramiro nunca había cambiado.

Pulsó el botón. «Aplazar la ejecución», dijo con claridad. «Detención indefinida pendiente de revisión».

Al principio, el silencio fue su respuesta, luego un atónito reconocimiento.

 

 

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