No puede ser… ¿por qué huele así…?

No puede ser… ¿por qué huele así…?

Sellada con cinta.

Escondida profundamente en el colchón… justo en el lado donde Miguel dormía.

Mi corazón dejó de latir por un segundo.

—Dios mío…

Mis manos se movieron solas.

No quería abrirla.

Pero no podía detenerme.

Despegué la cinta.

El olor empeoró.

Mucho peor.

Las lágrimas empezaron a correr por mi rostro, no de tristeza… sino por la intensidad del hedor.

Abrí la bolsa.

Y lo que había dentro…

no era un cuerpo.

Pero casi.

Ropa.

Ropa de mujer.

Empapada.

Manchada.

Oscura.

Pegajosa.

Había algo más.

Un mechón de cabello.

Largo.

Negro.

Mi visión se nubló.

—No… no… no…

Caí de rodillas.

Mi mente intentaba entender.

Pero mi cuerpo ya sabía.

Eso no era basura.

Eso era evidencia.

Algo había pasado.

Algo terrible.

Y mi esposo…

lo había escondido ahí.

Donde dormíamos.

Donde yo apoyaba la cabeza cada noche.

Sentí náuseas.

Me arrastré hacia atrás.

Pero entonces lo vi.

En el fondo de la bolsa.

Un pequeño objeto metálico.

Un collar.

Lo reconocí.

El corazón se me detuvo.

Era de Laura.

Mi mejor amiga.

La misma que había desaparecido hacía tres meses.

La misma que Miguel había ayudado a buscar.

La misma que él me había consolado cuando lloré por ella.

El mundo se rompió en silencio.

—No…

Todo encajó.

El olor.

Su enojo.

Su insistencia en que no tocara la cama.

Su frialdad creciente.

Su forma de evitar hablar de Laura últimamente.

—No puede ser…

Pero sí.

Lo era.

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